Pie de foto.-En la foto, dos de los firmantes: Willy Meyer y, a la derecha, Esther López Barceló. Nótese que es a la derecha del lector, pero a la izquierda de ella misma, ojo.
El diario El País publica hoy una tribuna,
'Comunistas II', firmada por Esther López Barceló en compañía de otros, a saber: Cayo Lara, coordinador general de Izquierda Unida, José Luis Centella. secretario general del PCE y Willy Meyer, eurodiputado de IU.
Se trata de una réplica a la columna que Elvira Lindo publicó en la última del mismo diario el pasado miércoles.
Ver aquí. Es un ejercicio muy recomendable leer ambos artículos en el orden en el que han sido publicados, con el fin de comprobar la inanidad intelectual del discurso y la insustancialidad de la réplica. No se rebate ni una sola de las afirmaciones de Elvira Lindo. Todo lo más, se llega a matizar una: donde la columnista escribe que "López Barceló
sigue la estela de los líderes actuales que se curten en el asalariamiento político desde pequeños", la aludida matiza: no es un trabajo fijo, sino una beca temporal de cinco meses. Éste es el signo de los tiempos en el mundo laboral: los contratos temporales, una secuela más de la globalización.
El asunto tiene su importancia porque entre ellos y ella está la flor y nata del comunismo español de hoy día. A esta banda de los cuatro se le llamaría 'el secretariado' en otro tiempo o 'el politburó' en palabras de los camaradas con deje soviético. Llama la atención que hayan tenido que sumar sus esfuerzos estos cuatro para parir este ratón.
En la dialéctica comunista nunca se ha discutido sobre las acusaciones que se les dirigen. Primero se desenfoca la crítica y luego se rebate por peteneras. Vamos a poner un ejemplo. Escribe Lindo:
A juzgar por sus respuestas, es posible enfrentarse a esta ideología con la misma inalterada ilusión que en las vísperas de la toma del Palacio de Invierno. Un siglo, el XX, no es nada. Según ella, hay que observar la historia soviética desde un punto de vista "positivo": "la URSS liberó los campos de concentración alemanes". Desde luego hay que ser tremendamente positiva para olvidarse de los muchos millones de muertos en el Gulag.
Se duele López Barceló ratificando lo escrito por E.L. que sí, que
"ante la celebración de la caída del muro, había que recordar lo que de positivo tuvo la Revolución de Octubre, entre otras cosas, la victoria contra el fascismo y la liberación de los campos de concentración"
Nótese con qué desparpajo establece que la derrota del nazismo y el fin de los campos de concentración son una consecuencia del comunismo, pero ya que estamos en esto, hablemos del pacto germano-soviético, del acuerdo de no agresión entre Hitler y Stalin, el pacto que Hitler necesitaba para empezar la guerra mediante la invasión de Polonia. Fue firmado el 23 de agosto de 1939, ocho días antes de la invasión. En realidad, fue el reparto de Polonia entre los dos: la mitad occidental para el nazismo, la oriental para Stalin. Ya que hablamos de campos de concentración: ambos se dieron bula para que los nazis levantaran Auschwiz y para que los soviéticos asesinaran en masa a la oficialidad del Ejército polaco y a las elites intelectuales de "su zona" en los bosques de Katyn.
Todo el escrito es una extraordinaria muestra de esta manera de, llamémosle razonar. Nunca se entra a rebatir el argumento o la acusación concreta. Se cambia de conversación: "en estos días hemos visto cómo Merkel, Sarkozy y Berlusconi se erigían como la nueva esperanza del mundo, etc. Igual han convencido a la señora Lindo. A mí [que soy muy lista] no." Igual. Igual la señora Lindo es una corruptora de menores y trafica con cocaína. Se trata de descalificar la fuente, no de rebatir sus argumentos o negar la certeza de los hechos.
Conozco esta forma de 'argumentar'. Yo mismo durante mi militancia comunista, solía leer Fuerza Nueva y recuerdo haber despreciado con sorna lo que la publicación ultraderechista decía sobre los crímenes de Paracuellos. Descalificaba la información y negaba los hechos denunciados por el origen de la denuncia. La mía, de entonces, como la de estos cuatro colosos hoy negaba con el corazón lo que ni siquiera se procesaba intelectualmente. Fue en una fecha reciente, el 9 de enero de 2005, cuando, al leer la entrevista que María Antonia Iglesias hizo en El País semanal a Santiago Carrillo por su 90 cumpleaños, comprendí que las palabras exculpatorias de Carrillo eran una confesión en toda regla. (Esto lo he explicado ya en este blog).
Se entiende más cuando ella dice que se hizo comunista al conocer de cerca a un maquis, Quico Martínez. Evidentemente, lo conoció ya en excedencia. Francisco Martínez, un maquis del Bierzo, abandonó España en 1951, pero habla mucho del sentido de la épica que anima a estos perseverantes muchachos.
"Y tienen en la cabeza
una vaga astronomía
de pistolas inconcretas",
escribió Lorca en unos soberbios versos del 'Romance de la Guardia Civil española", que se adaptan de maravilla a los sueños políticos de Esther, a su épica infantil y, es de suponer que también de los abajofirmantes.
Y todo así, en un texto que no llega a dos folios cuya hermenéutica podría llevarnos 15 ó 20, pero no me resisto a traer la perla final. Vuelve a adornarse con plumas que no son enteramente propias al decir que muchos comunistas combatieron al franquismo para
"combatir un régimen y traer a España derechos y libertades, entre ellas, la libertad de expresión de la que vive la señora Lindo [y así nos lo paga, la muy traidora].
Porque en tiempos como estos, en los que el capitalismo muestra su verdadero rostro, somos muchos, mal que le pese a cierta intelectualidad, los que vamos a hacer cambiar el mundo."
"El mundo va a cambiar de base,/ los nada de hoy todo han de ser", dice la Internacional, pero basta con echar un vistazo al nivel de una parte de los ministros y ministras de José Luis y a esta cúpula intelectual del comunismo español para comprender que, en realidad, ya ha cambiado.